Hola.

Quizá haya llegado usted hasta aquí y después de pasar un rato leyendo haya pensado: qué chaval tan majo. Y qué bien escribe. ¿Qué no le regalaré un librico para hacerle un poco más feliz de lo que ya es? 

Pues oiga, qué idea tan genial y qué detalle por su parte. Si se decide, ahí van algunas ideas sin orden ni concierto: 

  • Mac y su contratiempo, Enrique Vila-Matas.
  • Los náufragos del «Batavia», Simon Leys.
  • A través de la noche, Stig Sæterbakken.
  • Preparación para la próxima vida, de Atticus Lish.
  • Homo humini lupus, de Robert Shearman.
  • Los papeles de Aspern, de Henry James.
  • La guitarra azul, de John Banville.
  • El último libro de Emma Olsen, de Berta Dávila.
  • El clavo, de Pedro Antonio de Alarcón.
  • Oso, de Marian Engel.
  • Manicomio: Selected Madness (201), de Raymond Depardon.
  • Dinero, de Martin Amis.
  • El periodista deportivo, de Richard Ford.
  • Noticias felices en aviones de papel, de Juan Marsé.
  • Desgracia, de J. M. Coetzee.

También me puede regalar cualquier otro que le dé la gana. Es decir, se planta en la librería en cuestión y pide un buen libro. Y ya está, así de fácil. 

Cuando tenga mi libro publicado (se oyen risas) podrá usted comprar el libro como regalo, y de esa forma además saldremos beneficiados los dos. Pero es pronto para eso. 

Pero estará usted pensando: ¿y dónde le envío el libro? Vale, eso es un problema, porque yo a usted no le conozco. Y claro, igual le doy mi dirección, se planta usted aquí, me apuñala y luego se come mi hígado. Y entonces no puedo donarlo a la ciencia, que es lo que realmente me preocupa. Y además lo deja todo lleno de sangre y pierdo la fianza del alquiler. Ya le digo: un problema.

Estará pensando que podría comprarlo de mi lista de regalos de Amazon, pero la verdad, si tiene la opción prefiero que vaya usted a una librería. Manías mías. Y además no tengo tal lista, lo cual supone un problema. Hagamos una cosa: si de verdad quiere regalarme algo, mándeme un email a manuel@benetnavarro.es y si está en Valencia o Madrid, nos tomamos una cerveza (pago yo) en un lugar público donde sepa que no me va usted a asesinar. Si no es el caso, pues seguro que se nos ocurre algo.

Y si no está usted para líos o la economía no le da o simplemente, no es para tanto, me puede mandar un e-mail y decirme que le ha gustado el blog. Ese es un regalo espectacular, no ocupa sitio en la estantería y a diferencia del libro, es seguro que lo leeré.

Puede ir en paz.