Cambios

Hace casi una semana que no escribo, y no es que no haya tenido tiempo para hacerlo, sino que no he tenido ganas, más que nada porque hasta hace un par de días se me comían los nervios.

En condiciones normales, este comentario debería ser sobre el Señor de los Anillos, película que ví el viernes. En pocas palabras, igual de increíble que las otras dos. También hay que reconocer que, después de ver la primera y la segunda, hay pocas razones para no ver la tercera, sea buena o mala (que es precisamente de lo que se aprovechó Matrix). Afortunadamente, es una gran película.

Dejando eso aparte, decía hace algún tiempo en comentarios —según Atzlán— woodyalleniescos que había identificado el origen de mi malestar. Uno era el estrés provocado por la búsqueda de aparcamientos, el cual creo haber subsanado en gran parte. Y el otro era la falta de una retribución económica justa de acuerdo al trabajo que desempeño, es decir, poca valoración en el trabajo (porque, ¿hay alguna manera más clara de valorar el trabajo de una persona que con su salario? No, no estoy diciendo que haya de valorar el trabajo de las personas según su salario, sino que ese es probablemente el mejor baremo para saber cómo valora tu empresa el trabajo que haces).

Pues como debe ser evidente después de lo dicho, he solucionado el segundo punto. Ayer (22) después de tres años, presenté mi carta de dimisión, lo que me deja de vacaciones hasta el 8 de enero, cuando trabajaré dos días para poner al día a mis compañeros, y el próximo día 13 comenzaré en mi nuevo trabajo, con el que estoy enormemente ilusionado —toda esa ilusión que mi virtualmente anterior trabajo consiguió quitarme— y podría decirse que con ganas de empezar. Iniciativa, otra cosa que, por cierto, mi antiguo trabajo también llegó a machacar.

Sin entrar, al menos no por el momento —no es porque sean casi las tres de la mañana, sino que no me apetece— en valoraciones personales (en las que tengo sin embargo todo el derecho a entrar) ni detalles (ya habrá tiempo), sólo me arrepiento de una cosa: de no haberme ido antes. Aunque si no lo hice, fue probablemente por los excelentes compañeros de trabajo que siempre he tenido. Gracias.

Elecciones anticipadas

Como ya se adelantaba hace algunos días, el pacto entre PSC y ERC iba a tener efectos de cierta consideración tanto en el partido socialista como en las próximas generales. Para ver los efectos sobre estas últimas, habrá que esperar algunos meses, a pesar de que son predecibles, pero las consecuencias sobre el propio partido no han tardado en empezar, y lo han hecho con la dimisión de Cristina Alberdi.

Y es que es lógico. El PSOE se ha puesto a la altura de ERC, es decir, muy alto si de gobernar y obtener concesiones para Cataluña se trata, pero muy bajo si de gobernar España y mantener una unidad se trata, y hay gente en el PSOE -aquellos con un mínimo de coherencia política- que no entiende ni comparte este tipo de estrategias. Por mucho que el PSC sea el "Partido Socialista de Cataluña", por mucho que se deba a sus electores catalanes, nadie debe olvidar, y menos que nadie el propio partido, qué es el PSC y de qué forma parte, y en última instancia, a qué aspira ese todo del que forma parte.

Porque, (1) por muchas ampollas que levante la palabra 'unidad', que parecen ser muchas a raíz de las críticas que se me han hecho (en las que incluso, y para sorpresa mía, se me ha tachado poco menos que de franquista), y (2) por muy deleznable que sea el pensamiento único, que no es, ni mucho menos, lo que la mayoría de la gente piensa que es, sino, como lo pone Ramonet: "la traducción a términos ideológicos de pretensión universal de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas, en especial las del capital internacional" (Ramonet, I., "Pensamiento único y nuevos amos del mundo" en Cómo nos venden la moto Icaria, 1995), y que no aplica a la disciplina de un partido político, un partido político generalista como es el PSOE ha de, *debe* mantener una política común o similar en la mayoría de las regiones en la mayoría de las cuestiones importantes, y esto es algo que nadie en el PSOE parece comprender, porque este partido político se parece más a una pelea de gallos (léase barones) que a eso mismo, un partido político luchando por un objetivo común.

Hay varias formas de ver esto. Es probable que el PSOE vea esto como un pulso al partido en el poder, el PP; quizá piensen que es otra manera más de hacer oposición, mediante el enfrentamiento directo con los populares, y esta vez con el respaldo electoral del que carecían desde hacía años (tampoco es que el resultado de las elecciones catalanas haya sido para echar cohetes: gobiernan gracias a —y bajo el mandato de— ERC); es simplemente una forma de crearles más problemas a los populares. Pero si eso es parte de su estrategia (y pondría la mano en el fuego), van a tardar poco en darse cuenta de que el pulso no se lo están haciendo sino al resto de la ciudadanía española, aquella de la que también han de esperar sus votos dentro de unos meses.

Pero también es posible verlo de otra forma. No creo que haya mucha gente en el PSOE que confie —ni ahora, ni antes de las elecciones catalanas— en una victoria en las generales, y asegurarse el gobierno autonómico catalán (decir esto es mucho cuando se ha de vivir bajo el omnipresente veto de Carod, algo que muchos parecen olvidar) era una tentación demasiado grande para rechazarla. En otras palabras, había que escoger entre Cataluña o nada, y vistas las perspectivas, cualquier cosa es mejor que nada, ¿no?

La cuestión ahora reside, y para eso habrá que esperar algo más, en el precio que Zapatero va a pagar por esta elección de prioridades, porque podría acabar con su cabeza al frente de un partido que ni lidera ni controla. Esperemos que, si esto pasa, se lleve, aprovechando la coyuntura, algún otro peso pesado y aligere un poco al PSOE, para ver si, de una vez por todas levanta el vuelo y tenemos una alternativa de izquierdas decente.

El detective cantante

Si me preguntasen si me gustó esta película, diría sin dudarlo un segundo que sí. Sin entrar en críticas que se pueden encontrar en páginas especializadas, la película es simplemente diferente. No sólo por el papel que borda un excelente Robert Downey Jr., en uno de los mejores papeles que le he visto, y que prácticamente hace de todo, sino también por los cortes musicales años 50 (y que enriquecen la película enormemente), la ambientación al estilo del cine negro, Mel Gibson (productor, por cierto), la trama psicológica que se va desplegando a lo largo de la película, y muchos otros factores que hacen que esta película sobresalga (y no un poco) por encima de la mayoria de tediosas producciones hollywoodianas actuales.

(... to te querendo como ningúem ...)

Estrechez de miras

Hoy leía en el periódico, no sin una pequeña dosis de asombro (y pequeña porque esperaba que algo así sucediese y a estas alturas hay poco de qué sorprenderse), que al parecer una de las imposiciones del partido de Carod, que recordemos, no fue ni la primera ni la segunda fuerza más votada en las pasadas elecciones catalanas, fue que se recurriese el trasvase del Plan Hidrológico Natural por la vía judicial, elevando —esto lo aventuro yo, porque no recuerdo hasta donde llegaba, o me interesaba, el resto del texto periodístico— la cuestión al nivel que sea necesario.

La cuestión aquí no se presenta únicamente en el absurdo de que un partido con los votos de ERC pueda coger por los huevos (casi literalmente), o de modo menos tosco, maniatar, a dos partidos con mucha mayor cantidad de votos, porque a esto ya nos tienen acostumbrados, a nivel nacional, los pactos de los partidos "generalistas" con CIU y el PNV. Considero que es una prostitución de la idea de democracia, pero en fin, así están las cosas.

Pero bien, como decía no iban por ahí los tiros, ni tampoco en la cuestión de si estar a favor o en contra del PHN, sobre lo que no me posiciono —al menos, no aquí—. De hecho, si ERC debe defender los intereses de Cataluña, entiendo que es ciertamente lógico que lleven a cabo ese recurso, al menos visto desde un punto de vista electoralista y político.

Y es aquí donde se plantea el problema, la cuestión, porque no es ERC la única fuerza política que va a apoyar ese recurso. En otras palabras, ¿a qué exactamente está jugando el PSOE? Sin querer alabar demasiado a la derecha, hay que reconocer que el Partido Popular ha conseguido una unidad a nivel nacional y del partido que ya quisiera el PSOE para sí. Obviamente, se puede discutir sobre las bondades éticas de seguir la posición del partido a pies juntillas, sobre la libertad y opinión de los políticos a la hora de gobernar sus respectivas regiones, etc etc etc.

Y etc etc y etc, porque cuando lo que se trata es de aspirar a gobernar este país, se ha de prescindir de tales debates -que no tienen, de todas formas, nada que ver con lo que sucede en el seno del partido socialista- y plantear una estrategia a nivel nacional. Lo que no es de recibo, al menos no tal y como está la política en este país, o al menos, si es que tienen intención de llegar al gobierno alguna vez, es que cada uno campe a sus anchas como si de partidos regionalistas se tratase. Yo digo esto, y tú dices aquello. Yo digo que no al trasvase, porque me viene bien o porque estoy por razones justificadas —políticas, generalmente, que no son lo mismo que justificadas— en contra, y tú dices que sí por lo mismo. ¿Que somos del mismo partido? ¿Y a quién le importa eso?

La estrategia del PSOE en Cataluña le ha dejado, como ya se decía por ahí, una importante hipoteca que Zapatero va tener a pagar en las generales del año que viene, y sobre todo, ha dejado en evidencia que en el PSOE cada uno campa a sus anchas y que no está, ni de lejos, preparado para gobernar este país. Y eso que yo soy de izquierdas.

Ya sólo nos falta que vuelva Felipe González para que traiga consigo los fantasmas del pelotazo de la era socialista, el GAL, el caso Filesa, etcétera etcétera etcétera. Entonces ya, ni el en 2050.

El Hombre de los Dados

Bien, ya he acabado El Hombre de los Dados, de Luke Rhinehart, que en realidad no es Luke Rhinehart.

Para empezar, se supone —eso he leído— que este libro estuvo prohibido en varios países debido a su contenido y a las prácticas en las que sus protagonistas se envuelven, y tengo que decir que tampoco es para tanto. La idea en sí del libro es en sí interesante, pero cuando se la examina un poco en detalle, parece carecer del más mínimo sentido y solidez y tener multitud de grietas, aunque esa impresión cambia en ciertos momentos concretos. Y aunque es normal que carezca de sentido, el autor pasa bastantes páginas intentando que la propia idea no carezca de solidez (al menos desde un punto de vista psicológico), aunque no voy a entrar en detalle porque tampoco tengo tiempo ni demasiado interés. Por otra parte, el propio argumento, las características de la propia historia sirven como excusa y justificación de cualquier pega que se le pueda poner a la historia, aunque para entender esto hay que leer el libro.

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Milestones

Una de las posibles consecuencias de que haya comenzado a prestarle más atención a mi actual situación profesional y salarial (ver mensaje anterior) es la forma en que he organizado los últimos cuatro o cinco años de mi vida, y que ahora que lo pienso, tiene alguna relación con la famosa frase del ex-Beatle Lennon Life is what happens to you while you are busy making plans.

Desde que volví de Atlanta, por mayo del 2000, mi vida pasó a moverse en torno a metas. Por aquel entonces, llevaba ya un par de años trabajando con Duato (con el que estoy en deuda por muchas cosas) en el proyecto STREAM, que luego se convirtió en mi proyecto final de carrera. La primera meta —que quizá no fue tal— fue acabar las asignaturas que me quedasen, cosa que conseguí en junio de ese año, pasando a trabajar en octubre para Centrinet, parte de Centrisa, la actual Azertia. En ese momento, la idea de acabar el proyecto final de carrera -y con ello la ingeniería- ya estaba en mi cabeza de forma bastante intensa, y siguió en ella hasta junio del siguiente año, 2001, cuando estaba ya trabajando ya para mi actual empresa. Esto me generaba una presión considerable, aún siendo una persona acostumbrada a trabajar en solitario y sin demasiada vida social —casi la misma que ahora, con la diferencia de una personita que se llama Lorena y que es casi literalmente el centro de mi vida—, ya que no puedo obviar el esfuerzo que me suponía trabajar ocho horas diarias —por aquel entonces más— y tener que sentarme dos o tres horas diarias para programar (en C++) un proyecto que empezaba a desbordar lo que quedaba de mi a esas horas de la noche (el nivel de complejidad y optimización con la herencia, el polimorfismo y los punteros que alcancé es algo de lo que siempre estaré orgulloso).

No obstante, en junio de aquel año acabé el proyecto, y obtuve una nota de nueve (algo que tampoco es excepcional), y con el sentimiento de culpa de no haber podido acabarlo ni responder a las expectativas creadas. Tras esto, me propuse sacarme el carnet y ese noviembre me matriculé, a mis 25 años, en la autoescuela. Algo que yo consideraba totalmente innecesario —y sin lo que hoy probablemente no podría vivir, a pesar de la posible ansiedad que me ha creado— estuvo pendiendo sobre mi cabeza durante casi un año, durante el cual apenas pisé la autoescuela para nada, y que me costó bastante dinero —no, las ofertas que lees no son para gente que se saca el carnet en un año y medio— y bastantes preocupaciones. No recuerdo cuando, pero probablemente a finales del 2002 me propuse finalmente (ya empezaba a ser una cuestión de ahora o nunca) sacarmelo, y tras aprobar ambos exámenes a la primera, en febrero del 2003 tenía mi carnet de conducir en la mano. Un mes después me compré un Renault Megane. Dado que soy una persona a la que le cuesta desconectar si tengo en el horizonte determinados problemas o responsabilidades/tareas que considero importantes, tras acabar la carrera y sacarme el carnet de conducir, me sentí extraordinariamente libre por primera vez en varios años. En algunos momentos era realmente angustioso no poder evadirme de una u otra cosa, como si tuviese un pequeño duende metido en la cabeza martilleando con lo que tenia que hacer, y mandarlo a paseo fue una gran satisfacción.

Desde entonces no me he planteado ninguna meta con carácter de necesaria, cómo pudieran ser las de acabar la carrera o sacarme el carnet, ambas imprescindibles a tales alturas de mi vida —y que me costaron mi sudor y esfuerzo—. Sigo estudiando filosofía, y a pesar de llevarlo bastante al día en lo que a asignaturas/cursos se refiere (aunque inferior a mis propias expectativas, muy superiores probablemente a lo que puedo hacer si quiero seguir conservando una novia y algo de vida tras el trabajo diario), y con una nota media más que respetable (9.0), cada vez la considero menos una meta imprescindible, aunque no tengo ninguna duda de que la acabaré manteniendo los mismos estándares que hasta ahora. En sustitución de esta posible meta, ha aparecido la mejora que mencionaba de mi situación profesional y económica, y viendo en el horizonte la compra de un piso, empieza a adquirir carácter de urgencia; es decir, de meta tal y como la he explicado hasta el momento. Porque el duende parece que ha vuelto a aparecer y cada vez lo hace con más frecuencia e intensidad.

Todo esto repercute en última instancia en mi beneficio, a pesar de la angustia que me pueda causar el citado individuo metafórico. Primero, porque si tal meta existe, haré algo para alcanzarla, saliendo del actual apoltronamiento acomodaticio en el que me encuentro (y que tiene su fundamente en la flexibilidad de horario y cercanía a la Facultad de Filosofía pero que no compensa económicamente), y segundo, porque trabajo mejor bajo presión. Rindo más y mejor. Aunque ya hablaré de eso en otro momento.

Por cierto, un milestone es un hito, y en jerga informática, es un punto importante en el desarrollo de un determinado programa. De ahí el título de este mensaje.

Problemas ¿físicos? ¿mentales?

Creo que, después de casi 9 meses de estar buscando, y tras unos cuatro análisis de sangre, he encontrado el problema que me genera el cansancio y la apatía que desde entonces vengo sufriendo, en mayor o menor medida. Aunque todo esto son especulaciones, también es cierto que soy una persona suficientemente cualificada —tengo bastante conocimiento de los síntomas— para aprobar o rechazar el diagnóstico. Después de todo, soy el primer interesado en cambiar la situación actual.

Este diagnóstico no es ni más ni menos que un trastorno del sueño. Siendo una persona que tradicionalmente duerme (dormía) mucho (fines de semana hasta 14 horas), y con un sueño muy profundo, en los últimos meses me cuesta horrores dormir más de 8 horas seguidas, incluso fines de semana, aparte de que apenas ha sonado el despertador un par de segundos me encuentro de pie despierto.

Bien, ¿pero cuales pueden ser las causas de este trastorno del sueño?

 

(a) La primera opción es la edad, pero sólo tengo 27 años, y no me pasaba esto hace tan sólo un año, así que queda descartada.

(b) La segunda opción es un semiestado de depresión debido a la baja consideración profesional y salarial en la que me encuentro, y que, a raíz de haber acabado la carrera y todas las metas que me había propuesto (ya hablaré de eso otro día), parece haber tomado más importancia de la que le daba en un principio. El inicio de los síntomas coincide aproximadamente (si la memoria no me falla) con la revisión salarial del pasado año, que fue tan decepcionante como en otras ocasiones.

(c) En tercer lugar, y viendo las fechas, dicho inicio de los síntomas se corresponde con la compra de mi ya no tan nuevo Renault Megane en marzo de este año. Reconozco que la angustia de encontrar aparcamiento a primera hora de la mañana (agravada por la preocupación que me causa el gasto adicional de gasolina, si no encuentro dicho aparcamiento, y que tiene como origen último (¿?) la posible obsesión por un ahorro extremo) provoca que me levante sin ningún retraso y que, igual que una persona que duerme sabiendo que ha de levantarse a las ocho para ir a un examen, hace que me mantenga toda la noche en un sueño ligero a diferencia de la intensidad con que dormía anteriormente.

 

Bien, suponiendo que estas sean las causas, que no dudo que lo son —es decir, (b) y (c)—, ¿cuales son las soluciones? Respecto a (b), no puedo decir mucho por el momento. Quizá dentro de unos meses (¿nueva revisión salarial? ¿nuevo trabajo?) pueda aportar algo de luz. En lo que sí puedo centrarme es en (c). En primer lugar, se trata de concienciarme (decirlo es fácil, hacerlo no tanto) de que no cuesta tanto encontrar aparcamiento a las 8:30h de la mañana (no es imposible), y que siempre puedo aparcar más lejos y andar más, algo que no me vendría nada mal dado el sedentarismo que llevo en los últimos meses. En segundo lugar, con un consumo de 8l./100km. (0.5 litros superior al actual), puedo hacer 12.5km con 1 litro, que a las 130pts. (aprox. 0.8 céntimos de euro) por litro actuales, supone un gasto diario adicional de menos de 200 pts. por una mejora considerable de mis condiciones de vida. Además, dicho gasto siempre es compensable moderando el consumo en autopista y carretera. En última instancia, una solución inmediata -y que no tengo tan claro que vaya a poner en práctica al menos por el momento- es prescindir temporalmente del coche y volver a utilizar el transporte público, lo que me proporcionará 1) más horas de sueño, 2) más tranquilidad y 3) más tiempo para leer, a pesar de la pérdida de tiempo aprovechable que puede conllevar.

Dicho esto, comienza lo más difícil. Meterme en la cabeza de que eso es lo que me pasa y actuar de acuerdo a ello. Ya veremos qué pasa.

Mítines políticos

Sin que nadie se ofenda, acudir a un mitin político (o a cualquier acto del mismo tipo protagonizado por un político) es sin duda uno de los mayores actos de estupidez profunda que se pueden observar —y realizar.

Ir a un sitio para oír como el fantoche en cuestión (esos que no saben de nada pero al menos, pretenden gobernar un país gracias a su inexistente carisma, imagen o vete tu a saber qué) dice lo que todo el mundo sabe que va a decir —porque se sabe—, y además aplaudir, mover la banderita del partido al estilo americano, jalearle y reírle las gracias, es una prueba contundente y definitiva de que uno es idiota en grado extremo.

(Siempre está, obviamente, el que va para hacer algún tipo de reivindicación, pero está claro que esos son especímenes completamente distintos.)

El Palacio de la Luna

Acabé ayer el segundo libro de Auster que leo, El Palacio de la Luna. A pesar de que fue —según las reseñas— el libro que encumbró a Auster, me gusta mucho más el primero que leí (El libro de las ilusiones), que es al contrario el último de este autor. El siguiente en la lista es Leviatán (no, no ese leviatán), aunque tendrá que esperar al de Luke Rhinehart.

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Sueños de grandeza

Este fin de semana han muerto siete españoles en Irak. Cuando uno lo piensa, no sabe ni por donde empezar. Por una parte, nos encontramos con un conflicto que tenía como intención —de cara al público— eliminar a Saddam Hussein, un dictador —puesto ahí por la CIA para luchar contra el Sha iraní, que había sido puesto a su vez por la CIA— que era la viva encarnación de Satán con casi el mismo poder que este último gracias a la infinidad de armas masivas que su ejército poseía, y con ello, llevar la libertad a los iraquies. Unos meses después, se ha visto (1) que las armas de destrucción masiva no existen, (2) que como dice nuestra ministra de asuntos exteriores, la seguridad en Irak no ha aumentado, sino que ha disminuido, a pesar de lo que diga Aznar en global o en particular, y (3) que el petróleo y las contratas de infraestructuras son para empresas mayoritariamente estadounidenses, que son los realmente beneficiados por esta intervención (o saqueo).

Por otra, ese mismo punto da lugar a otro: ¿es esto una guerra o no? Resulta muy cómodo calificar a los iraquies de terroristas, lo cual además ayuda a que mucha gente apoye dicha intervención (no se ni que palabra emplear), porque les viene a la cabeza el brutal atentado contra las Torres Gemelas, algo en lo que al parecer, Saddam no tuvo intervención alguna. Pero no fue ayer cuando se inventó la guerra de guerrillas (si mi memoria no me falla, los españoles hicimos uso de ella cuando la ocupación francesa), que de hecho se parece bastante a lo que están haciendo los iraquíes aunque obviamente, las connotaciones de uno y otro término no son las mismas, y terrorista suena mucho mejor. Una persona luchando en una guerrilla tiene sus razones, que pueden ser válidas o no. Un terrorista, no, porque un terrorrista está loco.

Y esto a su vez, abre otra cuestión, y es la comparación que el señor Aznar se empeña en realizar entre los terroristas iraquíes y los terroristas de ETA, metiéndolos a todos dentro del mismo saco, y con eso justifica la presencia española en Irak. Si España quiere luchar contra el terrorismo, España debe estar junto a EEUU en Irak. Me niego a creer que nuestro presidente sea tan miope como para creer que estamos en Irak luchando contra el terrorismo, pero lo que más me molesta, es que la muerte de estos siete soldados españoles vaya a servir para justificar la presencia en Irak.

Porque al igual que el señor Bush hizo por aquel entonces, se van a utilizar estas muertes para anular cualquier posible crítica y evitar la reflexión sobre porqué ha pasado lo que ha pasado. Es más fácil apelar al sentimiento patriótico, que tanto les gusta a Bush como a Aznar, que pensar cual es la razón de todos estos ataques, simplemente porque no interesa que se haga tal razonamiento. Como dije una vez en un foro, si yo levanto una piedra un metro por encima del suelo, yo no voy a hacer caer la piedra (de eso se ocupará la gravedad), sino que voy a crear las condiciones necesarias para que eso suceda. Es justamente eso lo que el señor Bush y sus amiguitos están consiguiendo.