Talento

Después de tantos días sin escribir, creo que me apetece ser un poco pretencioso. Es más una necesidad que una apetencia. Desde hace años, creo que desde el instante en que la oí, hay una frase que me ha marcado mucho, hasta el punto de que la considero, de alguna forma, una obligación. Quizá hasta un imperativo moral. Ésta, que ya la he mencionado varias veces en otros comentarios, se la dice Robert de Niro a su hijo en Historias del Bronx: no hay nada peor que el talento desperdiciado. Creo que hay pocas cosas más ciertas.

Por supuesto, esto implica que yo pienso que tengo talento. Bien, pues no sólo lo pienso, sino que estoy absolutamente convencido de ello. Aunque eso no me librará de tener que estudiar esta noche.