Paranoia

Saliendo desde Wichita hacia el sur por la interestatal 35, cogiendo el desvío hacia Tulsa por la carretera estatal 412 y avanzando por ésta aproximadamente veinticinco millas, casi hasta la altura de Glencoe, se encuentra un estrecho y polvoriento camino de tierra, sin más indicación en su entrada que un poste donde ya no puede leerse inscripción alguna. Éste se adentra en dirección suroeste entre pequeños montes y campos hacia el pueblo llamado Paranoia.

Aunque desde que se abandona el asfalto hasta Paranoia habrán apenas veinte millas, resulta extremadamente difícil llegar, a causa de los literalmente cientos de caminos que surcan esa zona del estado de Oklahoma, y es muy posible que de no ir convenientemente acompañado, un turista accidental jamás la encuentre. Afortunadamente, la mayoría de rutas acaban de nuevo en la estatal, por lo que en el peor de los casos, acabará volviendo a casa con la pequeña decepción de no haber encontrado aquello que buscaba. Por alguna razón, no existen mapas detallados de esta zona, y claro está, los sistemas de navegación tampoco son de demasiada utilidad, así que puede uno ahorrarse el esfuerzo. Por lo visto, el lugar en cuestión no interesa demasiado a nadie.

Paranoia, que según los archivos de la Biblioteca Nacional fué fundada en torno a comienzos del siglo XVII, no se llamó siempre así. Sita en un valle fértil, se nutría principalmente del comercio de manzanas con las ciudades más próximas, y de ahí proviene su anterior anterior nombre, Appleville, o Apo'vi'l, como diría la gente del lugar. Durante poco más de dos siglos el cultivo de esta fruta fué la principal ocupación de sus habitantes, alcanzando una considerable importancia en la región, pero a principios del pasado siglo, sin que existiese aparentemente razón alguna, los manzanos que tanta fama le habían dado empezaron a secarse. En cuestión de un par de años, en una zona que antaño los había contado por miles, no podía encontrarse ni un sólo árbol sano. A pesar de las diversas investigaciones que se llevaron a cabo, jamás se llegó a encontrar nada que pudiera ser el causante de esta catástrofe económica.

Aunque se piensa hoy en día que algún hongo desconocido por aquel entonces pudo ser el causante de esta epidemia, en su momento se desarrollaron decenas de versiones que alimentaron la rumorología local mientras que hubo algo que alimentar. Éstas iban desde el uso indiscriminado de pesticidas hasta posibles experimentos secretos llevados a cabo por el gobierno, pasando por rivalidades comerciales con las ciudades vecinas, ajustes de cuentas entre campesinos u oscuras maldiciones. Muchas de ellas pueden obtenerse de la prensa local de aquel entonces, y poco a poco, fueron dando lugar a un estado de nerviosismo y desconfianza próximo a la paranoia y por el que la ciudad se hizo tristemente famosa, ocupando el lugar que anteriormente había tenido el cultivo de las manzanas como representante de la ciudad.

Como parece obvio, al cesar la principal actividad económica de la ciudad, se produjo una masiva emigración hacia otros estados, aunque en el clima que se respiraba, muchos pensaron que algunas personas nunca abandonaron el lugar y que desaparecieron al igual que lo habían hecho los manzanos. Este hecho nunca fue confirmado y parece ser más producto de la imaginación trastornada de algunos de sus habitantes que estar sustentado en hechos reales.

Actualmente, tan sólo unos pocos cientos de personas malviven en Paranoia a base de subsidios estatales. A su alrededor, varias millas de desértico paisaje contemplan el triste presente de una región con un brillante pasado.