Les cuatre cents coups - II

Fotograma de Les quatre cents coups (Los cuatrocientos golpes), François Truffaut.

Fotograma de Les quatre cents coups (Los cuatrocientos golpes), François Truffaut.

La imagen de arriba es un fotograma de la escena del teatro que vimos ayer, que pertenece a la película Los 400 golpes, de François Truffaut (1959). Aunque hay otras tomas que muestran a diferentes protagonistas, voy a centrarme en las historias de los tres chiquillos que aparecen en el plano, recogidas en el documental "Les 400 coups: regardez Truffaut", rodado en 1989 con motivo del 40º aniversario de la cinta. De izquierda a derecha, se trata de Cloé Le Brun, Felix Moreau y Didier Faure-Baud (este último tapado en parte por el rostro desenfocado de Alain Ferrec). 

Como comentamos en la anterior entrada, para la grabación de la escena no hubo ninguna planificación, por lo que la elección de los planos fue totalmente aleatoria, y sus posiciones y gestos responden únicamente a lo que están viendo en el escenario. En el momento de la filmación, los tres tenían siete años, y entre el mayor (Felix) y la menor (Cloé) apenas había cinco meses de diferencia. En esta entrada nos centraremos en los dos niños, y dejaremos a la niña para el último artículo de la serie.

Didier es sin duda del que menos información existe, y la que hay ha llegado a través de la memoria de su hermana, Ines Faure-Baud. Se sabe que aquel sábado estaba pasando el fin de semana en París con su familia, y que ella, un año menor que Didier, no participó en la grabación porque según confesó ella en el documental, su padre tenía una mentalidad muy cerrada y pensaba que nada que tuviera que ver con la televisión, el cine o el teatro era cosa de chicas. Los padres de Didier se separaron al poco de cumplir él trece años, y a partir de ahí su historia sigue casi a pies juntillas a la del protagonista de Los 400 golpes, con una diferencia importante: a los dieciocho, Didier saltó al Sena desde el puente Mirabeau, en pleno mes de diciembre, y las aguas gélidas se lo tragaron para siempre.

Felix, del que emana la mayor parte de la fuerza de la imagen y cuya mirada parece intuir que le están grabando, no estaba allí del todo por casualidad. Su madre, que trabajaba como limpiadora en el teatro, se había enterado de la grabación el día antes, y debido a los problemas económicos que atravesaba su familia, en gran parte causados por un marido alcohólico que se gastaba casi todo el dinero que llegaba a casa en vino, no se lo pensó dos veces. Aquello pareció ser una buena idea, porque Felix fue el único que tras la filmación participaría en alguna película más, aunque para su desgracia, su aspecto cambió radicalmente al cumplir los once años, dejándolo en tierra de nadie: era demasiado mayor para aparecer como un niño y demasiado pequeño para actuar de adolescente. 

Hasta entonces, había participado en seis películas, pero sin ningún papel que pudiera dar esperanzas de un futuro, prometedor o no, en el mundo de la cinematografía. A pesar de los esfuerzos de su madre, antes de cumplir los doce (1970) Felix ya trabajaba con su padre en la recogida de chatarra en las calles de Saint-Germain-en-Laye, hasta que a los diecinueve años, las circunstancias y una mujer embarazada de mellizos lo llevaron a él y a su padre a atracar la joyería de uno de los barrios pudientes de París. 

Felix recibió de un guarda de seguridad una bala que le perforó el estómago, y murió desangrado junto a la puerta del establecimiento antes de que llegara la ambulancia, por casualidades del destino a apenas un par de metros del cuerpo sin vida del productor Adrien Toussaint, que había sido en última instancia el autor indirecto de la escena de los títeres. Su padre murió en 1991 en una reyerta en la prisión de La Santé.

Tras eso, los servicios sociales se hicieron cargo de los mellizos. Uno de ellos, Laurent, se convirtió en el analista más joven de la política francesa, y jugó un papel decisivo en la elección de Jacques Chirac como Presidente de la República en 1995. Por su parte, Michel, escribió un libro narrando la historia de su hermano Didier, que consiguió el visto bueno de la crítica aunque no tuvo un gran éxito comercial. Ambos viven en París en la actualidad apartados de la vida pública.

Para la última entrada de esta serie sobre la película Los 400 golpes dejamos a Cloé Le Brun, la única chica de los tres, con la que mi imaginación se ha portado algo mejor y que a diferencia de Didier y Felix, hoy en día sigue viva.