★ Buena suerte ★

Bien, ya lo saben.

Mi primera novela Buena suerte, anteriormente conocida como Yunque, y antes de eso conocida como Buena suerte (como lo oyen), es ya una realidad. Ya les comentaré otro día cómo pasó eso.

Aunque mi editora me dio el disparo de salida el sábado por la tarde, he pasado un par de días preparando —para ustedes— una presentación en condiciones que creo haber conseguido. Y bueno, el sábado por la tarde estaba de fiesta, para qué les voy a mentir.

Los detalles ya los conocen: el libro está en preventa a un precio de 15 € hasta principios de octubre, que es cuando se presentará en público, se enviará a las personas que lo hayan comprado y entonces comenzará la distribución a un precio ligeramente superior: 18 €.

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Juegos de clase

Hoy le traigo otro incidente que recordé el otro día, a propósito de algo que no viene a cuento, pero del que creo que podrá sacar algo en claro.

En cierta ocasión, en el colegio, durante los minutos de descanso entre clase y clase mientras los profesores cambiaban de grupo, comencé a jugar junto a la puerta con una pelota hecha con papel de plata del bocadillo, dándole pequeños toques con el pie, a la espera de encontrar algún cómplice de juegos. No era nada sofisticado, ya se lo puede imaginar: uno hacía de portero mientras el otro intentaba marcar gol. 

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Hablar o escribir sin concierto ni propósito fijo y determinado

Hace mucho tiempo que no me dejo caer por aquí a divagar —permítanme decirles antes de comenzar lo mucho que adoro esa expresión: dejarse caer, como si yo fuese un estresado ejecutivo que tiene la gentileza y el detalle de dedicarles unas palabras—. Sospecho que puede ser en parte, pero solo en parte, porque le haya cogido un poco de manía a esta silla y a esta mesa a las que he estado encadenado durante tantas horas, como si las asociase a algún tipo de terrible tortura que en realidad nunca fue. Pues escribe en algún otro lado, dirán ustedes. Bueno, lo he intentado —sin demasiada voluntad, a quién quiero engañar— pero tampoco crean que he tenido éxito. Resumiendo, que no me ha quedado otra que resignarme a volver a sentarme frente a este patio interior en el que, a pesar del interés que parece tener Samy desde que se levanta, nunca pasa nada más que, de vez en cuando, alguna mujer se asoma a tender o recoger la ropa, o una bandada de pájaros formando una uve cruza el cielo y el cristal de la mesa en la que escribo.

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Todo lo que empieza como comedia acaba como tragedia.

Iñaki Echavarne, bar Giardinetto, Calle Granada del Penedés, Barcelona , julio de 1994. Durante un tiempo la Crítica acompaña a la Obra, luego la Crítica se desvanece y son los Lectores quienes la acompañan. El viaje puede ser largo o corto. Luego los Lectores mueren uno por uno y la Obra sigue sola, aunque otra Crítica y otros Lectores poco a poco vayan acompasándose a su singladura. Luego la Crítica muere otra vez y los Lectores mueren otra vez y sobre esa huella de huesos sigue la Obra su viaje hacia la soledad. Acercarse a ella, navegar a su estela es señal inequívoca de muerte segura, pero otra Crítica y otros Lectores se le acercan incansables e implacables y el tiempo y la velocidad los devoran. Finalmente la Obra viaja irremediablemente sola en la Inmensidad. Y un día la Obra muere, como mueren todas las cosas, como se extinguirá el Sol y la Tierra, el Sistema Solar y la Galaxia y la más recóndita memoria de todos los hombres. Todo lo que empieza como comedia acaba como tragedia.

‘Los Detectives Salvajes’. Roberto Bolaño

Seguimiento de la novela

Han pasado 65 días desde que acabé la novela. Es decir, desde que cerré el documento, respiré hondo y crucé los dedos. Tuve que descruzarlos al par de horas porque me dolían.

Por desgracia, no puedo decir que tenga muchas cosas que contar. Echemos un vistazo a la cronología:

  • El 29 de enero acabo la novela.
  • Del 30 de enero al 3 de febrero envío el manuscrito (o la propuesta editorial, en función de lo que cada destinatario solicita) a 7 agencias literarias y 10 editoriales. De esas, dos editoriales y una agencia contestan en cuestión de horas diciendo que están saturadas. Solo recibo acuse de recibo electrónico de las grandes: Kerrigan y Balcells. 
  • El 7 de febrero envío el manuscrito (...) a tres editoriales. Una de ellas me contesta en unas horas diciendo que está saturada.
  • El 14 de febrero recibo acuse de recibo de Anagrama (envío en papel), que tiene un plazo de valoración (¡y contestación!) de tres meses.
  • El 15 de febrero envío el manuscrito (...) a dos agencias literarias.
  • Del 3 al 6 de marzo envío el manuscrito (...) a dos editoriales.
  • El 14 de marzo recibo acuse de recibo de Random House (envío en papel), que me indica un plazo de valoración de diez meses.
  • El 20 de marzo envío el manuscrito (...) a una editorial, que me da acuse de recibo una semana más tarde.
  • Hoy mismo, envío el manuscrito (...) a una editorial.

En total, según mis registros y si no me he descontado (lo que es muy probable), la tienen en la actualidad 8 agencias literarias y 17 editoriales. De estas, ya ha expirado el plazo dado por la agencia Antonia Kerrigan (2 meses). Los siguientes plazos son los de Anagrama (3 meses), que aún queda, y la agencia Balcells (3 meses), para lo que quedan tres semanas. Sloper me indica un plazo de tres a cuatro meses para la valoración. Del resto no manejo plazos de contestación (ni desestimación silenciosa).

Han pasado dos meses y una semana. Todavía hay esperanza. Vuelvo a cruzar los dedos.

Voy a volver a escribir.

Ansiolítico y Amor empiezan por A

El diccionario no dice si lo nuestro es Amor, pero es una palabra tan grande que ha de tener un recodo donde escondernos. Lo sé, son solo cuatro letras pequeñas y vacías que no nos conocen. Cuatro estúpidas letras que no saben que solo contigo el mundo vuelve a ser un lugar habitable, uno del que no necesito huir, uno que no quiero abandonar saltando al vacío. Cuatro absurdas letras que no entienden que en todo el universo eres el único refugio que me queda. Que tú estiras el tiempo y lo tornas elástico, lo amoldas a las limitaciones de mi percepción y haces que todo suceda a la velocidad que dictan los impulsos eléctricos en mi cabeza. Cuatro innecesarias letras que no transmiten que cuando tú te vas, todo es Caos.

Fin de las reseñas literarias

He decidido dejar de reseñar libros. Es más, he eliminado aquellas reseñas ya publicadas, a excepción de una sobre Jota Erre (Sexto Piso), que más que una reseña es un comentario personal. Lo decidí el otro día, mientras podaba el blog y le daba brillo. Es, sin ninguna duda, una decisión dirigida en todo momento por el optimismo desmesurado, la soberbia, la ausencia de modestia y una versión del cuento de la lechera en la que yo soy el protagonista. Les explico. 

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Les cuatre cents coups - II

La imagen de arriba es un fotograma de la escena del teatro que vimos ayer, que pertenece a la película Los 400 golpes, de François Truffaut (1959). Aunque hay otras tomas que muestran a diferentes protagonistas, voy a centrarme en las historias de los tres chiquillos que aparecen en el plano, recogidas en el documental "Les 400 coups: regardez Truffaut", rodado en 1989 con motivo del 40º aniversario de la cinta. De izquierda a derecha, se trata de Cloé Le Brun, Felix Moreau y Didier Faure-Baud (este último tapado en parte por el rostro desenfocado de Alain Ferrec). 

Como comentamos, para la grabación de la escena no hubo ninguna planificación, por lo que la elección de los planos fue totalmente aleatoria, y sus posiciones y gestos responden únicamente a lo que están viendo en el escenario.

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Les quatre cents coups - I

La imagen de arriba es un fotograma de la película Los 400 golpes, de François Truffaut (1959). Forma parte de una secuencia mayor, filmada durante una mañana de sábado en el teatro Lido de París, en la que algo más de un centenar de niños observan entusiasmados los movimientos y bromas de varias marionetas sobre un pequeño escenario improvisado, mientras la cámara recoge sus expresiones de diversión y sorpresa. Según se supo varios años más tarde, la escena no estaba prevista en el guion original, y Truffaut decidió incluirla cuando quedaban apenas dos meses para que la cinta se presentara en el Festival de Cannes. Al parecer, el germen de la idea fueron los gritos de alborozo que el director escuchó mientras mantenía una conversación telefónica con el productor Adrien Toussaint (que moriría años más tarde asesinado en el asalto frustrado a una joyería), cuya responsable era la hija menor de este, que acababa en ese momento de llegar del teatro. Intrigado por el escándalo al otro lado de la línea, Truffaut le preguntó a Toussaint la razón, y la respuesta dio lugar a la escena en cuestión. 

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