El hombre y la mierda

Ayer estuvimos en Rascafría, donde el año pasado subimos a propósito de una gran nevada que había caído tan solo hacía un par de días. Teníamos la esperanza de que la experiencia se repitiese, pero por desgracia, en esta ocasión hacía ya varios días que había nevado y en lugar de la nieve polvo de la última vez, nos encontramos con un paisaje igual de blanco pero significativamente más sólido y por tanto menos mágico. Tampoco tuvimos la suerte de que hiciese sol, así que la visita fue relámpago.

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Consejos de escritura (IV)

Si acabas de aterrizar por aquí, esta es la cuarta entrega de una serie en la que recojo algunas lecciones aprendidas durante los tres años y pico que me ha llevado escribir Yunque. Lo que significa que debes darle a estas entradas el valor que merecen (lo que es algo que deberás determinar tú), ni más ni menos. 

Puedes echarle un vistazo a las anteriores entregas en los enlaces siguientes: primera, segunda y tercera. La última entrega versaba sobre la longitud de las frases, aunque me entusiasmé y acabé con un par de ejemplos. Hoy vamos a comenzar con una recomendación similar. 

11. Aprende a leer el ritmo de las escenas.

Ya vimos en la última entrada que si no es absolutamente necesario, no deberías incluir frases demasiado largas. Y aunque "demasiado" es un término cargado de subjetividad, seguro que puedes hacerte una idea aproximada. En el otro extremo, tampoco es aconsejable utilizar "demasiadas" (vaya, otra vez) frases cortas. Debo aclarar que con el término frase me refiero a un conjunto de palabras separadas exclusivamente por espacios y comas; un punto o un punto y coma divide dos frases. En definitiva, se trata de saber "leer" el ritmo de la escena, utilizar las frases cuya longitud se adapte mejor y alternarlas para que no se pierda el efecto (tres docenas de frases de menos de 5 palabras no transmiten ritmo, aburren). 

Eso lo que a menudo se define como "musicalidad" del texto, palabra que define bien esta recomendación. Claro que una canción de Skrillex se puede tocar con guitarra o incluso oboe, pero no sonará igual y en muchos casos, no transmitirá lo que el autor pretendía cuando compuso el tema (es decir, volverte loco). Es más, es probable que haga falta mucho más esfuerzo para que suene a algo decente si se utiliza un instrumento distinto al original.

Dicho de otra forma, claro que puedes describir una persecución policíaca utilizando solo frases largas, pero asegúrate de que logras la velocidad y el tono del texto que la escena necesita, y no que has impuesto un estilo demasiado pausado solo porque te gusta o se te da mejor la prosa densa.

12. Coge distancia del texto y sumérgete en él casi hasta que lo odies. 

Durante el tiempo que me ha llevado escribir Yunque, ha habido meses en los que no he tocado una coma, mientras que otros me los he pasado obsesionado con la historia, escribiendo (revisando, más bien) varias horas al día. Ambas cosas son necesarias.

La primera te sirve para volver a entrar en la historia casi como si fuese nueva o incluso hubiese sido escrita por otra persona (lo que dependerá del tiempo que lleve el manuscrito en barbecho), y la segunda para identificar posibles mejoras e incoherencias del argumento y unificar el estilo y la voz (si han pasado seis meses entre dos capítulos, la voz puede llegar a discrepar bastante de uno a otro). Solo hay que tomar dos precauciones: no alejarse tanto del texto que jamás regreses a él, y no sumergirse tanto que acabes ahogándote (lo que en última instancia conduce a abandonarlo).

13. Recorta... pero no te pases. 

Este es otro de esos consejos habituales: recorta, recorta y recorta. Sin embargo, es una de las recomendaciones más complicadas de seguir, porque aparte del componente subjetivo, no creo que haya nadie a quien no le moleste eliminar esa digresión existencial del personaje que le ha quedado tan estupenda y que le costó tantas horas escribir, pulir y sacar brillo. Sí, ha quedado fantástica, pero analiza si es necesaria. ¿Detiene el ritmo del capítulo? ¿Es coherente con el personaje? ¿Aporta algo a la historia?

Si la respuesta a las tres preguntas es "no", lo más probable es que la tengas que amputar. Sin embargo, puedes optar por soluciones alternativas. Si ralentiza el ritmo, quizá en otro lugar del texto encaje bien. Quizá no sea adecuado para ese personaje, pero sí para otro, o incluso la puedas adaptar para el narrador. Si no aporta nada a la historia, es posible que puedas reorientar la escena para que lo haga, aunque tampoco trates de encajar una escena simplemente porque te has enamorado de ella; recortarla no implica eliminarla de la faz de la tierra y olvidarte de ella. A lo mejor la puedes desarrollar en un relato independiente, o incluirla en una futura obra. Si es buena, seguro que puedes encontrarle un nuevo "hogar".

Cuando acabé el primer borrador, incluso aunque durante la escritura de este iba haciendo pequeñas revisiones del texto, me planté en 154000 palabras. La versión final del manuscrito tiene 136000 palabras, lo que supone una reducción de casi el 12 %. ¿Hay párrafos o escenas que podría haber eliminado? Es probable, pero no lo hice porque tenía dudas (y lo confieso, alguno me dolía demasiado). En el otro extremo, ¿es posible que eliminara partes que podía haber dejado? También, aunque nunca lo sabré. La cuestión es que no hay una regla de oro. Escribir no es una ciencia exacta, así que no te obsesiones. Si la miras objetivamente y estás convencido de que cumple un papel, aunque sea de extra secundario, déjala.

 

Hasta aquí, las lecciones, consejos, recomendaciones de hoy. En unos días, la siguiente entrega. Si te ha parecido interesante, compártelo con tus seguidores, mascotas, amigos y enemigos

Cobardía

«Por mí se va a la ciudad doliente;
por mí se va al eternal tormento;
por mí se va tras la maldita gente.

Movió a mi Autor el justiciero aliento:
hízome la divina gobernanza,
el primo amor, el alto pensamiento.

Antes de mí, no hubo jamás crianza,
sino lo eterno; yo por siempre duro:
¡Oh, los que entráis, dejad toda esperanza!
»

— La Divina Comedia de Dante Alighieri.
     Canto Tercero. Vestíbulo: Cobardía.
     Traducción en verso ajustada al original por Bartolomé Mitre.

     (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)

Consejos de escritura (III)

Hace unos días comencé una serie de entradas con la intención de mostrar algunas de las lecciones aprendidas durante los tres años y pico de escritura de Yunque. Eso ya lo saben. No les voy a resumir el contenido de las entradas anteriores (la primera y la segunda), para eso las escribí.  En la tercera entrega, es decir, esta, vamos a ver solo una lección adicional, aunque considérenlo en gran parte un ejercicio de estilo personal.

Insisto en lo que ya dije en la anterior entrada. Esto son comentarios, recomendaciones, consejos, lecciones aprendidas de mi propia experiencia, por lo que es responsabilidad del lector otorgarles la importancia que merecen (que es mucha, como no podría ser de otra manera). Vamos allá con el punto 10.

10. Cárgate las frases eternas.

Esto requiere una introducción. La semana pasada, al enterarse una amiga de que había por fin terminado Yunque, me comentó que conocía a alguien que había publicado una novela, y le dije que hablase con dicha persona con el objeto de ver si me podía pasar algún contacto. No hubo suerte, pero como soy un envidioso de los peores (no bromeo), al conocer su nombre entré en Amazon y descargué una muestra del libro. La muestra contiene los dos primeros capítulos. Bien. La longitud de la primera frase del libro es de aproximadamente unas 450 palabras, más o menos una página y media. Un número indeterminado de incisos sobre incisos, frases anidadas que se alargan varias líneas, unas encima de otras como platos en el fregadero esperando que alguien los limpie. Medio centenar de comas y varias acotaciones acaban llevando al lector por un camino de estupefacción hasta un punto y aparte en el que ha olvidado el lugar del que partió, qué es lo que hace allí y cómo ha llegado. Tuve que leer la frase varias veces para apartar de mi cabeza los incisos descriptivos a propósito de cada personaje, y descubrir la  escena que estaba planteando la autora. Aunque en el resto de la muestra no hay frases tan largas, sí hay cierta predilección por este tipo de estructuras. 

Si obviamos el pecado irresoluble y capital que supone hacer eso en la primera página del libro, una frase de tal longitud es un factor importante para coger el libro y sin darle una segunda oportunidad, volver a dejarlo en el montón. Quizá Pynchon, DFW o William Gaddis se puedan permitir una frase así (de hecho, en Jota Erre, Gaddis divide los confusos e interminables diálogos con párrafos descriptivos sin un punto), pero estarán de acuerdo conmigo en que no somos ninguno de ellos y además se cuidan mucho de hacerlo en la primera página. 

Mi regla (general) es que si a mitad de la frase necesito volver atrás porque no recuerdo qué estaba contando (o leyendo), es que la frase es demasiado larga. Tengo la impresión de que las frases largas y complejas nos gustan a los noveles y pensamos que son más sofisticadas, pero no, no lo son. Son solamente pedazos de comida demasiado grandes, que necesitan estar muy bien cocinadas para que podamos tragarlas de un bocado.

Ese era el consejo. Para cerrar la entrada, veamos un par de ejemplos que me acabo de sacar de la manga. Si consiguen llegar hasta el final, tengan compasión.

 

         «Eché un vistazo al cartel que tenía sobre la puerta, alumbrado por un par de pobres focos, y una vez hube comprobado que estaba en lo cierto, abrí la puerta y allí estaba ella, la mujer de Andrés, un viejo amigo de quien hacía bastante que no sabía nada y del que si algo se podía decir es que al hablar no se andaba por las ramas, una cualidad sufrida en varias ocasiones y más recientemente en nuestra última reunión a propósito del cumpleaños de su hijo menor, mirando su móvil y probablemente cansada de esperar, porque en su mesa de madera vieja, o quizá envejecida artificialmente, había dos botellines de cerveza vacíos, que no obstante luego recapacité y pensé que a pesar de mi primer impulso quizá fuesen del cliente anterior, porque luego me di cuenta que el camarero iba y venía con grandes zancadas por el suelo de madera del aquel pequeño pub irlandés, agobiado moviéndose a toda velocidad por el local atolondrado como pollo sin cabeza, si es que se me permite utilizar tal expresión, atendiendo como malamente podía las peticiones y reclamaciones de un grupo de adolescentes maleducados que comenzaban a estar borrachos como cubas y que con gritos y carcajadas lo llamaban desde el otro extremo como si fuese un perro faldero, la cual era probablemente la razón de que hubiese desatendido no solo la mesa de aquella mujer, sino también a una docena de clientes que se agolpaban contra la barra, empujándose unos contra otros como si se tratase de competir por la atención del único empleado, varios de ellos con cara de pocos amigos y otros tantos preguntándose probablemente qué narices hacían allí como si en lugar de clientes fuesen ellos los camareros, algo a lo que este solo acertaba a disculparse encogiéndose de hombros y asintiendo a las quejas y reclamaciones mientras cabeceaba y ponía gesto de disculpa, quien sabe si fingida, al tiempo que se daba la vuelta y cogía una jarra de sangría, la llenaba de hielos y vaciaba en ella el contenido de un tetrabrik de Don Simón que luego acompañaría al anterior envase en el cubo de basura orgánica, evidentemente no la que le correspondía, y mientras miraba todo aquello con cierta estupefacción, acostumbrado como estaba a la tranquilidad de mi habitación, levanté la mano con timidez, me acerqué a ella y la saludé con dos besos en la mejilla».

 

* * *
           

El segundo ejemplo se puede encontrar en este relato "Luna".

 

* * *

 

Y con estos dos ejemplos lo dejamos por hoy. En unos días, la siguiente entrega. Si te ha parecido interesante, compártelo con tus seguidores, mascotas, amigos y enemigos. 

Consejos de escritura (II)

Hace unos días comencé una serie de entradas con la intención de mostrar algunas de las lecciones aprendidas durante los tres años y pico de escritura de Yunque. La primera entrega se centró en las principales lecciones. Es evidente y redundante, lo sé. Muy brevemente, son: termina el primer borrador, revisa, revisa y revisa, y abandona cuando creas que ya no hay errores y está todo lo bien que es posible (es decir, que el margen de mejora es insignificante respecto al beneficio o el riesgo de añadir nuevos errores).

A partir de aquí, vamos a ir viendo otras lecciones "secundarias" pero que pienso que pueden ser de utilidad, aunque solo sea para no tropezar dos veces en la misma piedra. Nótese que son solo consejos, recomendaciones, comentarios a partir de mi experiencia, así que queda a criterio del lector asumirlos con la importancia que les corresponde. Vamos allá.

5. Revisar es una mierda

Si no lo has hecho nunca, lo descubrirás pronto. Cuando has leído tu propio texto una docena de veces, analizando cada frase, es muy probable que acabes harto de tu propia historia y también que te parezca aburrida (en mi defensa diré que gran parte de los capítulos todavía me parecen interesantes cuando los leo, aunque no sé si puede ser amor de madre). Que estés tan metido en la historia que pierdas la perspectiva: ¿estoy explicándolo bien? ¿Está bien escrita? ¿Este personaje tiene sentido o lo he desarrollado poco? ¿Me cargo este capítulo? ¿Debería aclarar un poco más este giro argumental? Es útil recurrir a personas que te den una visión externa y te ayuden a ver los puntos flacos y las fortalezas de la historia y de la calidad del texto. Pero ya sabes: no te obsesiones. Presta atención a lo que te dicen y aplica aquellos cambios con los que objetivamente estés de acuerdo. Y sigue revisando. 

6. Ten clara la secuencia temporal de tu historia.

Ten clara la secuencia temporal lineal de tu historia de principio a fin. Si como suele ser habitual, tu texto hace flashbacks en los que diferentes acontecimientos incluso se solapan, o el texto comienza a mitad de la historia, es fácil que se te despiste la coherencia temporal. Es decir, que un suceso A que en un punto de la novela pasa antes que un suceso B, varios capítulos después muestren un orden diferente.

Es necesario tener claro cuál es el orden temporal, con independencia de cómo lo cuentes luego en el texto. No hace falta que pienses en ello mientras escribes el primer borrador, pero una vez lo tengas, enumera en un folio los capítulos en el orden temporal que transcurrirían y comprueba que todo encaja y que las referencias cruzadas están bien. Esto es aún más importante si a lo largo del texto utilizas fechas y edades, lo que nos lleva al siguiente punto.

7. Ubica a cada personaje temporalmente.

En Yunque hay tres personajes principales y tres secundarios, a lo largo de más o menos un par de décadas, en un total de 35 capítulos. Si a eso le añadimos varios flashbacks de la historia, el resultado es que era bastante fácil meter la pata con las edades de cada personaje si no llevaba un control de qué edad tenía cada personaje en cada momento de la historia. 

Para evitar eso, hice una pequeña hoja Excel (que colgaré en unos días) para llevar un seguimiento de los acontecimientos y la edad que tenía cada personaje en cada uno de ellos, que puede ser útil. Dicho de otra forma, si incluyes una escena erótica, asegúrate que por error uno de los personajes no tiene 9 años porque cuando hablaste de su infancia lo ubicaste 8 años después que su compañero de escena. 

8. Utiliza un programa para escribir.

Si vas a escribir un relato corto o un microrrelato, cualquier cosa te servirá, incluso el notepad. Pero si tu obra se divide en capítulos, utiliza un programa que te permita fácilmente moverte entre ellos, poder abstraerte del formato, organizar el texto, etc. En mi caso, es imposible decir lo útil que me ha sido Scrivener. No es el único programa para ello, pero de todos los que he probado (que admito que tampoco han sido muchos), es el mejor, y vale cada céntimo que cuesta. No obstante, si antes quieres probar otros, atiende al siguiente punto.

9. No te pierdas en la búsqueda y prueba de herramientas.

Decía antes que utilizar un programa que esté orientado a escribir es casi imprescindible. Lo es, pero no pierdas la perspectiva. Aplicaciones hay a puñados, para el PC y para el móvil. Para elaborar el argumento, para escribir, para crear los personajes, para tomar notas, etc. Pero recuerda que lo que te gusta es escribir, no probar todas y cada una de las herramientas disponibles en Internet o leer cada entrada que recomienda una docena de aplicaciones diferentes.

Si has encontrado un método o aplicación (o conjunto de) que te encaja, deja de buscar. Y no te equivoques; en la mayor parte de los casos, el notepad, Excel o incluso un simple folio será suficiente para llevar un seguimiento de lo que necesites (personajes, eventos destacados, detalles que quieres añadir en la siguiente revisión, errores detectados, etc.). El resto es una excusa para no sentarte a escribir.

Hasta aquí, las lecciones, consejos, recomendaciones de hoy. En unos días, la siguiente entrega. Si te ha parecido interesante, compártelo con tus seguidores, mascotas, amigos y enemigos. 

Consejos de escritura (I)

Aunque hace tan solo una semana que acabé Yunque, en el camino he aprendido varias cosas que pueden ser de utilidad a aquellas personas que estén en proceso de escribir un libro. Esta será la primera de varias entregas, sin orden ni concierto, que publicaré a medida que se me vayan ocurriendo cosas. Empezamos.

1. Termina el primer borrador.

Hay pocas cosas más importantes que esta. En realidad, si es tu primera novela, no hay ninguna. Si no terminas el borrador, el resto da igual. Desgraciadamente, acabarlo no es suficiente. Y vamos al siguiente punto.

2. El primer borrador no vale nada.

A no ser que seas un prodigio de la literatura (y ni por esas), incluso en el caso de que la trama esté perfilada a las mil maravillas, los personajes sean redondos, y todo sea fantástico y chachipiruli, el texto contendrá algún error ortográfico o gramatical, una palabra repetida, una oración sin frase al final, una mayúscula que no toca, una acotación mal puesta. Y lo más probable es que ese "algún" sea en realidad "muchos". Eso nos lleva al tercer punto.

3. Revisa, revisa y revisa.

Otra de esas reglas universales que aparecerán en cualquier lista de este tipo. Lo decía antes: no importa cómo de bien creas que está el primer borrador, te garantizo que será mejorable. Hay al menos tres revisiones finales que yo considero imprescindibles (soy partidario de revisar un aspecto cada vez):

  • Densidad de las palabras. Te sorprenderías de la cantidad de veces que repites una palabra en una misma frase o en la frase siguiente y al leerla no ves esa repetición aunque la busques. Para detectarlos, Javier Peñas ha elaborado una herramienta/procedimiento extremadamente útil. Extremadamente. En serio, no exagero. Una vez tienes la lista de repeticiones, utiliza el diccionario de sinónimos, está ahí para algo. Pero... tampoco te obsesiones con ello. La repetición de palabras en un diálogo es necesaria (aparte de Juan Manuel de Prada, nadie habla como si fuese el diccionario de la RAE), y muchas veces en el texto encontrarás que si cambias una palabra por otra, el significado cambia. También hay repeticiones que se utilizan para reforzar una idea. Y evita tener que recurrir al castellano antiguo, seguro que hay una forma mejor de expresar lo mismo (cambiar la frase es una opción, también).
  • Acotaciones en diálogos. Esto es importante. Aprende cuándo se pone un punto, cuándo la palabra de la acotación comienza en mayúsculas, cuando una frase acaba con un punto y cuando con una raya... Los recursos en Internet, tanto de pago como gratuitos, son muchos. Ten siempre a mano una chuleta y revisa a fondo que esté todo correcto.
  • Ortografía. Asumiendo que sabes distinguir el "Haber" del "A ver", porque si no el camino que tienes es mucho más largo, comprueba los acentos diacríticos, el uso de las mayúsculas en las oraciones interrogativas, el "deber / deber de", el "que / qué", "donde / dónde", "como / cómo", etc., los laísmos / leísmos / loísmos, si / sí, mi / mí, la concordancia de género y número, dequeísmo / queísmo, etc. Son detalles que aunque conozcas es fácil que se te escapen al escribir. Puedes utilizar el corrector de Microsoft, que te ayudará con las faltas más graves y te señalará palabras a las que les falta una letra, mayúsculas en mitad de una frase debido a haberla reestructurado, palabras repetidas, etc. No obstante, especialmente en la corrección gramatical, no te fíes de él y revisa una por una.

Pero no son las únicas. Hay otras cosas a las que hay que prestar atención, que pueden formar parte de una de las revisiones anteriores o de alguna adicional:

  • Coletillas y palabras demasiado habituales. Esto se deriva en parte de lo que decía de la densidad de las palabras. Si utilizas bastantes metáforas, el "como" se repetirá a menudo en el texto. También el "pero"; es casi imposible huir de él, aunque para empezar tienes el "aunque", "no obstante", "sin embargo". Busca alternativas o cambia el enfoque de la oración. 
  • Cárgate los determinantes posesivos (cuando proceda, claro). Esta es una regla que leí en algún sitio que francamente, no recuerdo. Si el narrador es en tercera persona, serán los "su" y "sus". Si es en primera persona, será el "mi" y "mis". A menudo podrás sustituirlos por un artículo. Dicho de otra forma, si la escena está centrada en Juan y este saca la mano del bolsillo, sabemos que es su mano, no hace falta decírselo al lector. Es decir: "Juan sacó la mano del bolsillo", no "Juan sacó su mano del bolsillo". 
  • Los adverbios-mente. Otra de esas reglas universales. No hace falta que te los cargues todos, pero limita estos adverbios. Revisa el texto buscándolos y cuando sea posible, elimínalos o sustitúyelos por alternativas. No te obsesiones. Utilizar alguno de vez en cuando no es ningún pecado.
  • Los determinantes y pronombres demostrativos (este/a, ese/a, aquel/la). Esto es habitual que pase si como yo, has cambiado de forma verbal algún capítulo. Si estás en presente, es "este", si estás en pretérito, es "aquel". Esta es una regla que tiene muchos matices (por ejemplo, si se utilizan para denotar distancia espacial y no temporal, la regla no aplica), pero es algo a revisar. Por cierto, la RAE recomienda no acentuar los pronombres demostrativos, al igual que en el caso de "solo". No te compliques la vida solo por nostalgia y cárgate esas tildes. Seguro que tienes muchas otras de las que preocuparte. 
  • Los adjetivos. Sin ser yo nadie para ir dando lecciones, otra de las cosas que más ensucia un texto es el abuso de adjetivos. Si puedes utilizar uno en lugar de dos, eso que te ahorras.

Pero en fin, por mucho que revises, siempre llegas al cuarto punto.

4. Nunca vas a terminar el manuscrito.

Habrás oído eso de que las obras no se terminan, se abandonan. Es totalmente cierto. Me atrevo a decir que he revisado todas y cada una de las frases del libro unas cinco veces, en el mejor de los casos, y diez o más en las partes más complejas. Aún así, una vez acabado me doy cuenta de detalles que podría haber añadido, subtramas que quizá son demasiado débiles o frases que podría alargar o reducir. Podría seguir revisándolo el resto de mi vida y siempre encontraría cosas que cambiar, porque lo que un día te parece una frase muy larga, al día siguiente te parece que son dos frases que podrías unir.  

El objetivo debe ser un texto libre de errores ortográficos, tipográficos y gramaticales; una historia sin errores de coherencia y personajes todo lo redondos que seas capaz de conseguir. Si has conseguido eso, va siendo hora de pasar al siguiente nivel. Y sin olvidar que cuanto más revises, más probable es que introduzcas errores ortográficos, gramaticales, erratas, repeticiones de palabras, etc.

Y eso es todo por ahora. En la siguiente entrega más consejos. 

Imbéciles

Propongo que tratemos a los imbéciles como a imbéciles. 

Por su bien, el nuestro, el de la Humanidad y el del planeta y todos los seres que lo habitan, dejemos de enmascarar la realidad. Dejemos de tratarlas como personas que razonan, que tienen opiniones fundamentadas e incluso son capaces de cambiarlas, que comprenden el mundo en el que nos movemos, sus complejidades e injusticias, que tienen propósitos que van más allá de ellos mismos. No podemos considerarlas por más tiempo como individuos con los que se puede tener una conversación productiva o ni siquiera educada, que van a mejorar este mundo, con las que es posible un intercambio de impresiones con un mínimo de racionalidad. Es la hora de dar un paso adelante y hacerles comprender y asumir que son imbéciles. Que eso les da unos derechos y les quita otros.

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